Carnicería en el escenario principal: la segunda expansión de Dead Island 2 abre las puertas de un festival zombi de muerte



La segunda expansión de la historia de Dead Island 2 está de camino y pondrá la comedia sangrienta de zombis en el lugar que merece: el escenario principal. Tras la intensa e inmersiva experiencia en Haus del pasado noviembre, SoLA nos lleva a los solariegos parajes y escenarios del festival de música californiano por excelencia, donde la preciosa y bohemia ciudad de Los Ángeles se esfuerza por salvar el planeta yéndose de farra.



Este año, sin embargo, las cosas son muy diferentes. Los pogos están inundados de sangre y extremidades, mientras que los festivaleros se han vuelto atroces. Los tacos, el sushi y los batidos orgánicos ya no están de moda. Ahora arrasan los cerebros y la carne humana. Por si fuera poco, el emplazamiento del festival no podría ser peor: es un terreno ancestral, con un delgado velo entre mundos, y una presencia malévola que acecha tras un Ritmo psicodélico.



Por suerte, los mejores matazombis de Los Diablos han venido con ganas de fiesta y pertrechados de armas, ventajas y objetos lanzables con los que enfrentarse a los feroces festivaleros. Cuando la muchedumbre zombi pierda los papeles, o surjan nuevos terrores de las tinieblas, os tocará montar el espectáculo de vuestras vidas. Las supervariantes, como los coaguladores descompuestos o los azotadores mutilados, os garantizan un reparto de proporciones épicas, y con el lanzasierras y el destripador (una mezcla de sierra circular con bate de béisbol) tendréis todo lo necesario para hacer algo más que ruido.

¿Por qué elegimos un ambiente de festival? «El nuevo DLC se creó en contraste a Haus», explica Adam Olson, director de arte de Dambuster. «Con Haus, quisimos crear una experiencia íntima y desconcertante. SoLA, por su parte, es una zona de recreo amplia y soleada para nuestros matazombis. Todo empezó cuando vimos que ningún otro medio puso zombis en el espacio de un festival. Es una receta inesperada».

La ambientación brindó la oportunidad de crear uno de los escenarios de destrucción más grandes y abiertos hasta la fecha, y contrastar la personalidad y la estética soleada de un festival de verano estadounidense con el caos del cine gore hace que Dead Island sea tan divertido. El resultado es una sátira que homenajea al clásico festival californiano que lo amalgama todo, desde Splash House y BottleRock hasta el legendario Coachella, solo que aquí las hordas que deambulan sin rumbo definido buscan sangre y cerebros, no agua o un sitio cerca del escenario principal.



Eso no solo abarca las zonas verdes, los puestos de comida, los escenarios y las zonas VIP que cabría esperar, sino también un puñado de personajes estrafalarios y unos cuantos festivaleros perversos que les complicarán las cosas a los matazombis. «Queríamos que los zombis que asistían al festival casaran con la estética del festivalero ideal», dice Richard Smith, el artista principal de personajes. «No es solo gente normal, sino gente que refleja esa preciosa cultura. Son escandalosos y coloridos. Llevan purpurina en la cara y llevan flores en el pelo; el rollo de cualquier festivalero. Queríamos bordar la atmósfera y daros la impresión de quiénes eran y dónde estaban en el momento en el que se convirtieron en zombis».

Smith y Olson tienen especial interés en presentarles a los jugadores el nuevo arquetipo de zombi: el azotador. «Empezamos con la idea de que queríamos un enemigo con un ataque similar al de un látigo, pero tenía que ser sin darles herramientas o inteligencia a los zombis», explica Olson. «Lo intentamos consolidar en el body horror y estética de muertos vivientes con un zombi que se ha abierto en canal a arañazos y ahora tiene en sus manos sus propios intestinos enrollados en los brazos para poder utilizarlos como látigo».

Este nuevo esperpento, tan temible de cerca como de lejos, encaja a la perfección con el estilo de festival bohemio, lo que da lugar a otro monstruo memorable en un juego que ya está plagado de criaturas malignas y putrefactas.



El rollo festivalero no es superficial. El equipo trabajó duro para crear un mundo interconectado tras los escenarios, donde se ven a los miembros de las bandas, es posible matarlos y explorar dónde se alojaron y tocaron. Esa estética impregna todos los aspectos del juego, desde las armas nuevas hasta las ilustraciones de las tarjetas de objetos lanzables.

Como dice Olson: «No somos el espejo negro que refleja la perdición de la humanidad. Solo nos lo estamos pasando bien matando zombis en un emplazamiento precioso, y, con SoLA, aspiramos a la mayor gloria sangrienta. Más allá de los zombis y de las armas, tendremos momentos destacados en los que veremos hasta dónde podemos forzar los límites. Creo que los jugadores lo disfrutarán mucho».